lunes, agosto 17

[...]Tres mentiras


Para aquellos que se paren a leer esto:


Podría contaros unas cuantas mentiras.

Unas cuantas mentiras o una sola muy grande. Tan grande que no hiciese falta pulir los pequeños detalles para que resultase creíble.

Por ejemplo: Soy completamente feliz. Me gusta estar aquí, viendo cómo me sonríen todos cuando me acerco hasta ellos. Sabes que el calor no es un problema para mí. Disfruto con las altas temperaturas. Mi termómetro personal considera que los cuarenta grados centígrados no dan sensación de sofoco.

¿Sirve?

Otra: me siento realizada. Porque sé que lo que hago es útil. Porque con lo que hago ayudo a otros. Porque no tienen nada y yo lo tengo todo.

¿Sirve?

La última: me encanta cómo estas personas afrontan el día a día. No saben lo que es quejarse y ni tan siquiera se les escucha llorar.

¿Sirve?

Por supuesto, las tres son pequeñas mentiras.

El ejemplo de la grande sería algo parecido a esto:

No me he equivocado. No tenías razón. Sé separar perfectamente lo que soy y de dónde vengo de lo que en estos momentos estoy viendo y el lugar en el que estoy.

¿A que suena convincente?Soy una luchadora, ya sabes.

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